Papas y sal

Beneficios-de-la-papa[1]

—Te digo, amigo mío, que la vida misma es una papa sin sal – Dice el viejo mientras golpea el cigarro contra el cenicero y asoma una mirada altanera por debajo de la boina. — ¿Sabe lo que le digo?

— Pues sí, al menos supongo saberlo. – Cruzado de brazos, sabiendo la que le viene – Le parece a usted sin gracia, desprovista de toda emoción o carácter maravilloso.

— Pues resulta eso totalmente equivoco, muy alejado de la verdad. Lamento que piense que yo pienso así. Es terrible, terrible.

— Pues entonces, a que se refiere realmente. Dígame, mi intrincado amigo, en que se parece una papa sin sal a la vida.

— Primero que todo, recordemos lo que es la sal. – Se acomoda en la silla, mientras disfruta de su cigarro con la barbilla apuntando al cielo. – Destilado de agua marina o escarbado de algún lago subterráneo, se usaba originalmente para preservar las carnes y prolongar su vida útil. Este es el fin práctico, el “porqué” de la sal. Nótese que desde que llegaron las neveras, el envasado al vacío y los “mágicos” preservantes alimenticios derivados del petróleo ya nadie usa la sal para este fin. Ahora se usa como especie obligatoria de todo lo que comemos, es más, si algo no tiene sal de repente se convierte en “desprovisto de su carácter mágico”, como dijo usted ahora. Puede ahora concluir que la sal no es más que una convención social, algo que todos aceptamos como cierto sin utilidad alguna pero con convicción. A algún cocinero se le ocurrió que sabía mejor la sal que la papa y las condenó a vivir por siempre juntas, ya que no pudo concebir comerse la sal sola en forma de un terrón o una paleta. Pudo haber sido también la idea de un comerciante de sal, que al ver que la nevera y los persevantes le quitaban el negocio, se apresuró a convencer a todos de que hay que ponerle sal a la vida.

Se le acaba el cigarro y se toma su tiempo para aplastarlo en el cenicero, uno, dos, tres golpes y listo, está acabado. Ahora se frota los brazos, insinuando que tiene frio y su amigo se apresura a traerle un abrigo. Ya puesto, vuelve la sonrisa ingeniosa y la palabrería.

— Resulta ahora que todos en el mundo vivimos el engaño de la sal sin siquiera darnos cuenta. Pero piénselo bien y verá razón en mis palabras, ¿Cómo sale la papa de la tierra? ¿Sale acaso imperfecta y en necesidad absoluta de la sal? Pues no, amigo, la Naturaleza no se equivoca y las cosas son exactamente como tienen que ser. La sal no completa a la papa y solo le es contingente, pero no me deje divagar, de vuelta a la vida. La vida, y la papa, son lo que son, naturales y no necesitan de más. No importa cuánto usted intente decorar el sabor de la vida con carros, ropas, toda sarta de objetos materiales e incluso la ocasional droga no logra cambiar lo que es en verdad su vida y, a mi parecer, todas estas contingencias lo que al final hacen es desmejorarla, ponerle una máscara que no le corresponde. Dese cuenta de lo que no es necesario en su diario vivir. Dese cuenta de su auto engaño, identifique todo aquello que la sociedad le ha sugerido que es mejor. Dese cuenta de que es sal y no papa y ahí encontrará lo mejor de su vida.

— Pero que incomoda esa idea, ahora resulta que todo es sal.

— Échele pimienta, en ese caso, y veamos qué pasa.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s