Preocupa

Esta mujer se preocupaba demasiado, nunca se detenía. Incluso sus sueños incluían desesperantes imágenes de cuadrículas rellenas de números que se suman y se restan dando resultados erróneos, y sueña también con ácido que salpica desde labios brutales llenos de pellejos secos y mordeduras. Se despierta en la mañana con sudor en toda su piel y el amargo cansancio de haber corrido toda la noche sin mover las piernas y al instante se preocupa. Mira la hora y hace un cálculo correcto del tiempo que le resta a su único espacio ocioso en todo el día. Así es como llaman en su oficina al tiempo que no se está trabajando, se le dice ocio a levantar a su hija y asegurarse de que entre al baño, poner el café, apenas bañarse pues el agua es fría, vestirla y darle de comer a la niña, que debe agarrar ese bus bien temprano, luego hay que correr por la acera y desayunar algo de camino hasta la oficina. Encima de eso la castigan si no va bien vestida. Tras de que esto en sí ya es cansado, ella se preocupa, nunca se detiene.

Siempre está pensando en todo lo que puede llegar a suceder sin esperarse a que esto ocurra. Se ocupa previamente de llegar bien vestida a su trabajo, donde su jefe la recibirá con una mirada de superioridad y algún comentario lascivo sobre su reciente divorcio. Esto también la preocupa pues pronto su abogado vendrá con la respuesta de su esposo a la división de bienes, llevan en eso más de tres meses y nunca se ponen de acuerdo, ella asegura haber escuchado reír a su exesposo luego de unas de las reuniones y sabe así que él disfruta viéndola sufrir y que va a prolongar la lucha por el mero placer de verla sudar al lado de un abogado que no puedo costear sin su ayuda. También le preocupa su sudor, pues cree que ella suda demasiado y siempre anda preocupada por lo que otros podrían llegar a pensar de ella, que la crean sucia, lo cual es cierto, pero con tan poco ocio en las mañanas no le queda de otra. De su cuerpo le preocupa su vientre, que luego del parto no volvió a su forma original y hace que ya los hombres no la vuelvan a ver, solo su jefe, un hombre desagradable. Otra cosa que es desagradable es su trabajo, el cual le preocupa no hacer correctamente. Se trata de contabilidad, no hacer, sino revisar las sumas de un tipo desordenado y caprichoso que rara vez ha visto y que suele cometer errores garrafales y obvios. A ella le preocupa que algún día reciba un error sutil, pero crítico. Una coma en mal sitio, un cero de más, un siete que parezca a un uno o cualquier mancha y arruga que justificara su despido, su pobreza y la de su hija.

Esta mujer no estaba cerca de estar pobre, de igual forma se preocupa por eso. Su madre tiene suficiente dinero para mantenerlas a ambas y le ofrecido mudarse varias veces con sollozos honestos y solitarios, pero ella es orgullosa y totalmente capaz de proveer a su hija de la mejor educación y de comida saludable. Y ella ha logrado lo que se propone, es fuerte y no se rinde, pero siempre se preocupa y nunca se detiene. Le preocupan las notas de su hija, pues quiere que sea inteligente y logre entrar a una buena universidad, para que luego tenga un trabajo digno que pague muy bien y pueda permitirse vivir rodeada de lujos y abundancia sin tener que preocuparse tanto como ella. Le preocupa lo que le sirve en el desayuno y en la cena pues ahora todo trae algún químico peligroso y todo lo orgánico vegetariano es más caro, y que debe ir al supermercado luego del trabajo, a recoger a la niña, ponerla a ver tele y limpiar la casa, hacer la comida y volver a soñar con esas columnas de números mal escritos que caen y la golpean, al día siguiente lo mismo y se preocupa por su maquillaje sin antes verlo, por las noticias antes de que empiecen, por la gripe aunque no la tenga, ocupa su mente con todas estas cosas que aún no llegan y deja de ocuparse de las que ya están ahí. Nuca se ocupó de su esposo y de la relación que solo necesitaba un poco de trabajo y en especial nunca se ocupó de su hija, de Alina. Seguro que se propuso a mantenerla saludable y educada, solo se ocupó de su cuerpo y no de su esencia. Nunca nadie se ocupó de Alina.

Alina siempre fue una niña solitaria, forzada por su ambiente y en contra de su enorme deseo de enviar un mensaje. Su padre nunca le puso atención y en alguna discusión lo escuchó negarla como hija. A sus seis años esto rompió su corazón y le saco incontables lágrimas de sus ojos que su madre nunca enjugó ya que siempre está muy preocupada por llegar a tiempo a su trabajo. En la escuela le va muy mal, pues no logra hacer amigos y todos se burlan por sus dientes enormes. Cuando le contó a su madre durante la cena esta le dijo que dejara de preocuparse por lo que pensaran los demás y luego volvió a hablar por teléfono con un colega de su trabajo. Alina intentaba no preocuparse como tanto lo hacia su madre, se alejaba de los otros niños y los alejaba con muecas y chillidos. Esto solo incremento las burlas y la distancia, Alina se pasaba los recreos leyendo algún libro de la biblioteca o espiando a los maestros. Luego en la noche cenaría con su madre ausente y vería películas de terror, violencia, estupidez, romance y crimen, luego comerciales sobre sexo que su madre veía con devota atención.

La mayor parte del tiempo en su casa estaba muy aburrida, pues no le gustaban las películas, las veía solo por estar al lado de su madre y aferrarse a la idea de que ella si la ama, no como su padre que nunca volvió a ver, ni como es en realidad su madre que nunca se ocupa de ella y se la pasa preocupada por cosas que aún no llegan. Alina decide llamar la atención de su madre y meterse en problemas en su escuela así que empezó a faltar a clases, con eso se dio cuenta que los maestros también la ignoran y se alejan de ella. Se siente más sola, pero al mismo tiempo se siente más libre, recorre los pasillos con la mirada fija en el suelo pero la mente en otra parte, en espacios abiertos que ella imagina, donde hay flores y muchos animales. En una de sus escapadas imperceptibles se encontró con otro rebelde, matón de algunos años más que decide burlarse pues Alina lleva la mirada perdida y la boca entreabierta. Alina vuelve con los chillidos y muecas a lo que el niño responde con un empujón y una mala palabra. Ella le pega en la nariz, usando su puño diminuto como un martillo y así prueba Alina la sangre por primera vez. Se llame el puño luego de que algún profesor ha separado la pelea y ahora espera frente a la oficina del director para ser regañada y al fin llamar la atención de su madre. Le parece que este líquido es fascinante puesto que nunca había visto algo igual, decide esa noche cortarse un poco en la pierna con un cuchillo grande que sacó de la cocina y comprobar si ella también tenía de ese jugo rojo adentro. Al verlo sintió dolor y repugnancia, no quiso sangrar nunca. Así fue como Alina se empezó a preocupar por la sangre.

 

Le obsesiona su integridad y ahora evita cualquier cosa que pueda lastimarla. Anda asustada en los viajes en bus y se esconde durante los recreos, cada vez se vuelve más huraña y recluida. También le obsesiona la sangre ajena y la anda buscando en todas partes. Se la pasa espiando a la enfermera de su escuela para ver si algún día ella debe lidiar con sangre. Ve a varios niños con raspones y heridas por donde mana el líquido de rojo intenso, sabor metálico, y que luego de secarse se convierte en una costra dura. Alina se acerca a sus compañeros de clase por detrás y les arranca los granos que hay en sus codos solo para ver como la sangre brota de sus cuerpos. De nuevo la regañan en la dirección y su madre vuelve a enterarse de su mala conducta y lo único que hace es preocuparse y le regaña también y llora y se desespera, pero nunca le pregunta el porqué ni sabe que ella está sola, que no tiene amigos, y ni le importa eso, solo se preocupa que saque buenas notas para que tenga dinero y un buen esposo que no la engañe con otras. Encierran a Alina en su cuarto a modo de castigo y ella esta aliviada pues nunca había podido estar sola sin ver la tele y esas de películas de terror, violencia, estupidez, romance y crimen y luego ver comerciales sobre sexo. Alina se asoma por su ventana y ve a la gente que corren hacia sus casa, toda la gente que va preocupada y ella solo puede pensar en toda la sangre que llevan dentro, debe de ser mucha, Alina toma el cuchillo que aún tiene en su habitación con  solo dos dedos y lo pone al colgar por encima de los transeúntes que no se detienen a mirar las cosas pues van pensando lo que sucederá mañana y no en lo que pasa ahora, si ella dejara caer el cuchillo seguramente nadie se daría cuenta, todos seguirían caminando, ausentes. Así que lo hace, lo suelta, y el filo cae a gran velocidad sobre la cabeza de alguien, tanta sangre, es más de la que esperaba.

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