Diario delirio

7 de marzo

La primera vez que lo vi fue hace una semana, justo cuando entran las universidades y se dispara la afluencia de gente joven por estas calles. Es una semana activa, al negocio le favorece el montón de gente y a mí…  A mí me estresa un poco, pues ya no paro. La hora del almuerzo pasa a ser la hora del caos, no deja de entrar gente y yo corro, memorizando la bebida de seis personas mientras unos hambrientos intentan llamar mi atención y yo les digo que se esperen, dos de cas uno piña, y tres de chan. Hay fila afuera y hoy almorzaremos hasta las tres, con suerte y mucho trabajo, limpiando la mesa de los que ya se acabaron su comida para insinuar que ya se tienen que ir, que yo también tengo hambre y que hay fila afuera. Con todo y todo, su rostro lo tengo grabado, entre el casado con pollo sin cebolla y la señora que siempre pide maduros extra con su orden. Ese rostro duro de ojos suaves, extraño contraste que le hace ver altivo y fuerte. Es todo un hombre, de buena postura y cuello rasurado, mantiene siempre las camisas limpias y bien dobladas, tiene una barba corta que no se rasura pero no deja que crezca, y esos ojos…

11 de marzo

Hoy lo he vuelto a ver y ya sé cómo verlo siempre. Le gusta llegar temprano a sus clases, así que se monta en el bus de las seis, aunque el de las seis y media lo deja justo a tiempo. De seguro es un hombre responsable y centrado, que sabe lo quiere en esta vida y puede conseguirlo. Hoy me senté enfrente de él, no justo al frente, sino que del otro lado del pasillo. Volví mi mirada solo para echarle un vistazo a esos ojos profundos como el océano y deleitarme, llevarme una imagen para el trabajo, que me haga sentir bien durante todo el día y no cansarme con tantas órdenes. A las mujeres nos basta eso, solo una mirada y ya guardamos toda la información necesaria. A los hombres no, a ellos les gusta mirar fijo, si una mujer llama su atención se le quedan viendo, como que la absorben y la llaman, en una forma de deseo, deseo de romper esa barrera invisible que nos separa. Hoy se me quedó viendo, yo podía sentir esos ojos líquidos que recorrían mi nuca y con disimulo yo miraba hacia atrás y siempre él, fijo en mí y yo nerviosa porque su presencia es fuerte y él es todo un hombre.

 

28 de marzo

El ya no me mira, como que se cansó de mi o esta acostumbrado. Seguramente ya vio cosas mejores o ha notado que tengo que repetir la misma camisa cada cinco días pues no tengo opciones. No bastó la flor en el pelo y el peinado intrincado que me tardé una hora en hacer, tampoco el maquillaje en los ojos y labios ni el perfume caro que le pedí prestado a la señora Majón. El azul de sus ojos ahora solo mira hacia afuera y yo aprovecho para mirarlo fijo, antes era él y ahora soy yo, la que lo intenta. ¡Que se rompa ese muro! Estamos tan lejos, aunque yo me siente justo detrás de él y ojee sus libros, vea la música que pone a sonar en su celular, y trate de captar su aroma masculino, su fuerza y su suavidad. Él esta tan lejos y ya ni me nota, si supiera lo mucho que lo pienso y el bien que me hace en mi día a día. Si no es por él, estaría vacía entre platos sucios y mi jefa que no para de quejarse, dice que la plata no alcanza y que alguna de las meseras sobra y yo que no doy abasto quiero que contraten a otra.

 

5 abril

Hoy supe su nombre, se llama Armando. Tiene un nombre fuerte, le va a su figura sólida, a su mandíbula recta. Se puso a leer una carta que llevaba su firma, para pedir algo al decano de la Facultad de Medicina. Va a ser doctor, él podría salvar mi vida, podría cortarme el pecho y arreglar mi corazón. Al llegar a la parada, nos levantamos al mismo tiempo y él tropezó conmigo. Yo me disculpo y subo la mirada con cuidado, me espera una sonrisa cálida. Él es hermoso y yo hoy no me puse maquillaje, que vergüenza. Camina a mi lado, hoy va sin prisa y yo no sé qué hacer, no sé si hablarle o mirarlo, él solo camina y cuando llega a la esquina me ve partir hacia el restaurante. Cuando yo vuelvo los ojos, él ya no está.

 

7 de abril

Hay un vínculo entre nosotros. Es lo más cercano a un amigo o a la intimidad que yo he conocido, amigos detrás del muro enorme que nos separa. Ahora siempre lo saludo, sin voz, solo un gesto y una sonrisa que él me devuelve con esos ojos impresionantes. Aprendí que si yo salgo rápido del trabajo, me llevo el uniforme puesto y no me despido de mi jefa puedo alcanzar el bus donde me espera ese breve contacto humano, ese saludo fraterno. Por la noche él se ve distinto, los ojos se le hunden un poco, se tornan severos y solo por un instante me sonríe, luego me ignora y viaja por la ventana. Siento que es demasiado, que debo alejarme y dejar de perseguirlo, pues pronto seré una molestia y ya no me van a regalar esa sonrisa, en la mañana me senté a su lado y le dije “hola” para que escuchara mi voz que es tierna y llena de deseos y él no me dijo nada, no pude escuchar ese sonido que de seguro es ronco y sensual. Por la noche había un asiento a su lado, pero no me atreví a tomarlo, pues hoy se veía sombrío, me senté en el fondo del auto bus y me dediqué a observarlo de lejos.

 

25 de abril

Ya van dos semanas que no tengo trabajo y no logro conciliar el sueño, pero sigo abordando el mismo bus de la mañana y el mismo de la noche, como una criatura muerta que se sigue moviendo. No puedo pasar un solo día sin verlo. Ya pasó lo que temía, me volví parte del paisaje, no más relevante que el mismo chofer, la ventana, la parada. Si me saluda es porque yo lo fuerzo, me le paro enfrente y me hago notar, con la flor en mi pelo, maquillaje y perfume que ya no se me volvieron a olvidar. Y él tan bello y tan distante, cuando para mí Armando es íntimo, es el hombre que puedo amar, al que me quiero entregar y él ni si quiera me nota si yo no lo fuerzo. Tengo la costumbre de seguirlo, muy de lejos pues me daría vergüenza que se sepa mi ligera obsesión. Él va a clases en un edificio frío y claustrofóbico, se sienta al frente y pone mucha atención. Es un doctor, es responsable, es perfecto y solo él puede salvar mi vida.

 

3 de mayo

Me descubrió mirando por la pequeña ventana de su aula, yo no pude disimular el susto y tuve que salir huyendo con el corazón desbocado, adrenalina que se siente caliente sobre mis venas hambrientas y cansadas. No quise montarme a su bus, su presencia es tan fuerte que lo considero suyo y ya no sé qué hacer con mi vergüenza, ¿dónde me escondo y que hago con mi tiempo? Por tres días no lo seguí y fueron los peores, su imagen me acosa, sus ojos que ya no me miran, necesito saber que aún existe, que todavía se monta en el bus de las seis todos los días con su camisa almidonada y bien planchada, con la barba perfecta y su aroma y su espalda musculosa y definida. Es todo un hombre, no puedo alejarme, ya no tengo vergüenza, solo tengo deseo y eso vale más, eso me alimenta y a cómo van las cosas, puede ser lo púnico que coma esta semana. De noche es más fácil seguirlo, pues él va cansado y ausente, lo espero en una banca del parque el donde se toman los buses y yo abordo antes de que él lo haga, la distracción de encontrar asiento lo aleja aún más y yo me puse la capucha negra para que no me vea nadie y yo poder verlo a él. Ojalá ver el azul de sus ojos y soñar, soñar que son míos.

 

10 de mayo

Su casa es hermosa, muy grande y con rejas azules que sirven de consuelo, más no de escudo, pues son fáciles de saltar. Por las ventanas puedo espiar su intimidad, los abrazos a una madre vieja que siempre le tiene preparado algo de comer. Cómo no amar a un hombre tan bello, tan bien hecho. Si me escurro por el patio puedo llegar a la ventana de su cuarto y ver como se quita la ropa, como duermen sus ojos cansados. Si camino suavemente puedo escuchar como respira y sentir lo suaves que son sus sábanas. Me tiembla el pulso, por la debilidad y por la falta de sueño y no me atrevo a peinar sus cabellos por miedo a despertarlo e interrumpir esa calma tan hermosa que hay en su frente. Quiero besarlo y sé que él puede curarme, tan solo con acurrucarme a su lado, en esa cama vacía que llama mi nombre, que tanto deseo. Me siento en un borde y lo veo dormido, por primera vez en un mes me da sueño y ya no hay vuelta atrás. Levanto la cobija y me acurruco a su lado, el cansancio sobreviene, también la paz y el amor.

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