Lo que le sobró a Mario Vargas Llosa

Una crítica a Cinco Esquinas, de Mario Vargas Llosa

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Mario Vargas Llosa, en su última novela “Cinco Esquinas”, vuelve a mostrar ese talento narrativo por el que es tan popular. En esta entrega podemos ver todo lo bueno del autor y también todo lo malo.

Primero voy a alabar su impecable construcción de personajes, el autor tiene la habilidad de darle a cada uno de ellos su propio narrador omnisciente, que sirve como un nexo entre las emociones del ser ficticio y el lector. Así cuando Juan Peineta olvida algo, también lo hace su narrador, y cuando Retaquita teme por su vida, la narración transmite ese miedo. Con esto logra una fuerte intimidad con el lector, acercándolo a la historia y haciéndolo sentir. También se logra recrear la tensión de la época, con los toques de queda y la pobreza acentuada por la dictadura del Doctor y Fujimori. Es un retrato fiel de los tiempos duros por los que pasó Perú contado desde los dos puntos de vista: el de los que sufren, pero no se rinden, y el de los que solo se quejan del toque de queda mientras esperan es sus mansiones. Los primeros temen por sus familias, por el escaso sustento que tienen y lo difícil que es encontrar trabajo, los otros se preocupan por ser secuestrados y que los detenga la policía si no llegan a casa a tiempo. Es un dramático choque de mundos entre personas que comparten la misma ciudad.

La forma ligera en la que escribe Mario Vargas Llosa da muchas ganas de seguir leyendo, con una estructura impecable de dos clímax, amarra al lector de principio a fin. Pero no todo es bueno es esta novela. Una vez que reconocemos lo que Cinco Esquinas tiene, podemos señalar lo que le sobra. Un uso caprichoso del erotismo que nada aporta a la narración de los eventos, el amorío entre Marissa y Chabela parece ser una distracción o un relleno alrededor de la historia principal, pero se le da un peso protagónico y se insiste en ello. Nada surge de esta relación entre personajes, o del arrastrar de pies de Juan Peineta, se sienten más bien como un lastre en la novela, un estorbo que se debe leer para llegar a los acontecimientos importantes. Así nos damos cuenta de que no importa cuán real se sienta un personaje, si este no es valioso, va a sobrar dentro de la narración.

Esta novela deja un sin sabor, pues se siente que pudo haber sido escrita de otra forma. Otros trabajos de Mario Vargas Llosa no sufren de este pretencioso descuido, todas las historias se entrelazan y aportan, en lugar de estar desconectadas y separadas, como ocurre en Cinco Esquinas. Es poderosa la historia de Retaquita y Garro, pero esta se cubre con cuentos tangenciales, con ruido. Se pueden obviar los capítulos de Peineta y de las amantes, y se disfrutará lo mismo de esta novela. Al final podemos decir que si es un buen libro, pero pudo haber sido más corto.

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