Matapalo

DSC05635

Me aferro al papel y al lápiz como si fueran mi propia alma y he esperado hasta el último momento para escribir esto. Justo antes de que mis dedos tiesos se vean amarrados por la enredadera y el tronco consuma mi mente. El viento sacude las hojas que ahora son mías, el frío cala mis raíces mojadas, y siento, se los juro que puedo sentirlo, la música del planeta entero que vibra desde lo más hondo e irradia hacia el espacio, al infinito. Y ahora recuerdo porque lo hice, luego de tanto tiempo de divagar en las sombras, ahora lo recuerdo todo y entiendo. Aunque antes no sabía lo que me proponía, ahora entiendo y sé que ha valido la pena.

Fue la soledad mi dulce condena, la que puso esa semilla en mi mente, el minúsculo retoño de lo que soy ahora. Me agobiaba la gente, sus luces, el sonido áspero de su piel y ese aroma a carbón, no podía vivir entre ellos. Y no fue el odio lo que me hizo partir, sino fue algo más cercano al amor. Amor propio, por querer vivir en un mundo mejor, y amor por ellos, ya que no puedo cambiarlos sin usar la fuerza, sin ensuciarme yo también. Sin importar cuan limpio intentara ser, la comida terrea, yoga y buenas amistades, entre ellos no hay forma de lograrlo. ¿Consumirme en la inmundicia o morir de forma hermosa? Decidí alejarme, por amor es que estoy solo, pero aún no sabía lo que me esperaba, lo que sé ahora.

Me fui a los bosques, lejos de cualquier sendero. Me consumí en la profundidad del musgo, en el aroma tierno y dulce de las bromelias, en los pasos callados del ocelote y el canto tibio del quetzal. Me perdí del mundo y de mí mismo, al tiempo que desnudaba mi cuerpo y mi mente de la idea de vestirse, solo conservé este papel, este miedo al olvido. Nadé en el barro y escalé montañas, en la cima solo me vi a mí mismo y fui tan libre como pude serlo. Mas la soledad nunca me bastaba, aún me agobiaba la gente y la agobia me pesaba, pues yo soy gente. Y se fue la luz, vino lo oscuro. Divagué entre los arboles como un huésped favorecido, mas siempre como un extranjero.

Y en mi soledad quise encontrar la muerte que me elude, así que solo dormí sobre las piedras, con la cara al viento y la lluvia. No tuve frío, tampoco hambre, solo el sueño eterno de aquellos que viven para morir cada noche, y me alejé de mi sucio cuerpo y de su mala influencia, y la mente despegó a la claridad más extensa. Fui eterno, luz atemporal que conoce todos los colores, pude saborear la esencia misma de todo lo que es, tan cercano a Dios que solo me faltaba mirar hacia atrás y comprender todo lo que mi luz había creado. Aquí está mi ego, mi cuerpo del que no puedo separarme, abro los ojos bajo Luna llena y veo el Matapalo que aprisiona mis brazos, traga mi torso y consume mis piernas.

Fuerte es el Higuerón que me devora, lento su avance y eterna mi espera. Lloran mis ojos por lo inevitable y mi alma se desahoga. Las finas enredaderas caen desde las ramas más altas y se abrazan a mi carne como lo haría una amante, luego se entierran con ternura y se alojan, se engrosan cada vez más y yo me voy difuminando en la Naturaleza. No hay escape, nunca lo hubo, el árbol crece y yo con él, nos fundimos en uno solo. Es ahora, con el último trozo de mi ego, con este lápiz, con esta espada, es ahora que lo entiendo. No soy yo quien se pierde en el árbol, es el Mundo el que se pierde en mí, vuelve a donde estaba, a donde está todo. Comprendo la conexión que existe entre todas las cosas y comprendo que nunca estuve solo.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s